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Hablamos mucho de violencia, la sufrimos todos los días y la falta de respuesta del Estado nos subleva. Reaccionamos, salimos a protestar y aunque no coincidamos comprendemos que muchos pidan condenas más duras y hasta pena de muerte. Sin embargo existe un tipo de violencia, muchas veces mortal contra la cual no está socialmente aceptado rebelarse, la violencia de género. Se nos ha educado para naturalizarla, para fingir que no existe. El sistema de poder nos ha impuesto roles para los que se nos prepara desde que nacemos. Roles que nos dañan, que organizan a la humanidad según los intereses de quienes manejan el mundo. A los varones se les asigna la fuerza, el dominio, el poder económico y político. A las mujeres la crianza, el cuidado, el hogar. A los otros géneros no se los tiene en cuenta, quedan fuera del sistema. Y esto no significa que nos encasillemos y cumplamos los mandatos. Significa que salir del rol asignado implica necesariamente una muy fuerte lucha.

G:_ ¿Cómo cambió tu vida cuando fuiste mamá?
E:_ Yo estaba empezando mi emprendimiento y el embarazo me cambió los tiempos. No es fácil trabajar embarazada y menos todavía después del nacimiento. El papá de mi hija se unió a mi negocio y comenzó a manejarlo a su manera. Él no tenía que dar la teta, ni trabajar con faja y dolores post cesárea. Pero su ambición lo llevó a olvidarse de mis deseos y necesidades. Mi dinero ahorrado trabajando también unas horas fuera de casa, se esfumó en el día a día, y con el suyo habíamos comprado herramientas para trabajar. Me encontré de repente con que era una «poca mujer», según sus palabras, porque no le hacía siempre la comida o salía a reunirme con mis amigas con las que compartía crianza, sentimientos, una tribu donde no tenía que cuidarme de lo que decía o hacía por ser tildada de «mala madre».

A ellos el rol de macho proveedor que les impusieron los libera de las tareas de cuidado y crianza de los hijos que para la mujer son cotidianas y permanentes. Es verdad que poco a poco la sociedad va incorporando nuevas costumbres pero en su mayoría los padres que toman este tipo de tareas lo hacen más como colaboradores que como igualmente responsables.
Esa distribución de roles ha involucrado hasta los sentimientos, la mujer que no encuadra en el modelo es acusada de no amar a su familia. La realidad es que lo que llamamos amor es sacrificio, sumisión, trabajo no remunerado.
Y no es la capacidad de gestar la que nos relega, es el patriarcado que nos necesita relegadas.

E:_ Le molestaba que saliera, me denigraba delante de sus amigos, todo lo que yo hacía le parecía mal. Me manipulaba, gritaba, criticaba mi cuerpo, se desquitaba golpeando a los perros, una vez le pegó una piña al placard, y mi autoestima quedó por el piso. Y yo girando en una rueda sin parar, dejando de hacer lo que me gustaba y alejándome de las personas que quería, y creyendo que la causa de todo ese destrato eran sus problemas personales, y que la que hacía las cosas mal, siempre era yo. Luego de idas y vueltas, nos separamos y se llevó objetos que a su parecer eran de él , aunque vivíamos en la casa de mi mamá. Aún así, gracias a la ayuda de mí familia, continúe con mí emprendimiento y pude seguir adelante. Llegó a amenazarme porque imaginó que estaba con otro y cuando después de cuatro años inicié una nueva relación, comenzó a hostigarme por WhatsApp, a amenazar a mi papá, a pintarme insultos en las paredes. Hizo aproximadamente 10 falsas denuncias a la empresa de gas para que me corten el suministro, pero todas fueron desestimadas.
Me decía «hasta que no te vea en la calle no paro» (4 años sin pasar manuntención).

Cumplir con el mandato social es una carga demasiado grande que se combina además con el esfuerzo propio de las múltiples tareas. Responder al estereotipo físico para evitar comentarios descalificantes, cuidar, educar, cocinar, limpiar, dejar de lado los sueños, los ideales, los deseos. Especialmente en los sectores económicamente más vulnerables es casi imposible terminar una carrera y ejercer una profesión siendo madre. La mayoría de las mujeres trabajan pero las tareas de cuidado y crianza en muy pocos casos quedan en manos de los hombres. Casi siempre una mujer para poder salir a trabajar debe recurrir a otra mujer ya sea de su familia o una empleada que a su vez deja también a sus hijos para poder ganar dinero. A las mujeres se nos juzga por todo y cada reconocimiento nos cuesta mucho. Cada espacio, cada puesto, cada cargo, todo implica una carrera desigual, una lucha intensa y la exigencia de demostrar cualidades y capacidades que no necesitan probar los hombres en las mismas circunstancias. Se nos enseña que debemos estar siempre hermosas, ser amables, no enojarnos. Se nos promete que siendo buenas seremos amadas y que siendo amadas seremos felices. Y cuando nos damos cuenta de que es una trampa ya es tarde.

E:_ ¿Cómo respondió el Estado cuando el padre de tus hijos intentó matarte?
G:_ En el momento la policía respondió. Un vecino escuchó gritos y amenazas y llamó al 911 . Llegaron de inmediato y literalmente me salvaron la vida. El peregrinaje comenzó al día siguiente, cuando la causa llegó a la fiscalía y de ahí al juzgado y a un médico y a otro y a un psicólogo. Mil veces tuve que relatar lo sucedido, quince testigos que nos conocían a los dos fueron a contar las amenazas, golpes y humillaciones que me vieron sufrir durante los 20 años de convivencia. Tres meses estuvo detenido y le dieron prisión domiciliaria desde donde salía cada día para perseguirme violando la restricción perimetral.

El Estado duda de la víctima, pone en ella la carga de la prueba, aún cuando el delincuente es descubierto
infraganti. El Estado no previene ni proteje y las denuncias de amenazas no son tomadas en cuenta. Intervienen cuando ya es tarde. La violencia institucional es tan grave que las mujeres prefieren callarse a seguir siendo maltratadas. La indiferencia, el ninguneo, las idas y vueltas por los tribunales cansan.

G:_Una abogada me dijo que la única solución posible era mudarme a otra ciudad.

Violencia doméstica, acosos, abusos, violaciones, femicidios. Son producto del sistema patriarcal que sigue infestando nuestra sociedad. La lucha lleva siglos y las reivindicaciones se adoptan invisibilizando su valor histórico. Nos quejamos de la lucha feminista porque nacimos con derecho a la educación, al voto, al trabajo remunerado, a la participación política, sin saber como se consiguieron y cuanto costó. Nada se logró pidiendo por favor. La lucha se llevó muchas vidas pero la cultura machista se lleva muchas más. La educación es la clave, cambiar los paradigmas desde los que se educa es urgente. Solo así podremos comenzar a construir una cultura igualitaria e inclusiva. Sabemos que los cambios siempre son resistidos. Sabemos que se nos seguirá acusando y estigmatizando, pero también sabemos que somos muchas las que no bajamos los brazos y cada vez seremos más. Hasta que dejen de matarnos , violarnos, maltratarnos, relegarnos, el 8 de marzo seguirá siendo un día de lucha. El patriarcado no se va a caer, lo vamos a tirar.

G y E

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